Milán, hogar de la moda

Por: Andrea Gimenez

Incluso con los atronadores ecos de la muy actual polémica de Galliano, retumbando desde París, la semana de la Moda de Milán, que echó el cierre el martes, se ha mostrado más bien ensimismada en el pasado. Los diseñadores se inspiraron sobre todo en la década de los sesenta, pero también en anteriores y sucesivas. Hasta Miuccia Prada fusionó tiempos en trajes que recordaban al look futurista de Courréges.

¿Acaso no queda nada por inventar? Lo que quedó claro es que el riesgo en las colecciones de Milán brilló por su ausencia en favor de lo comercial. Será que los brotes verdes de la recuperación económica están aún muy verdes.

Dolce & Gabbana fueron los más contundentes. Dividieron su colección de 66 modelos en dos partes que fueron del glamour -con vestidos de gasa en negro o amarillo estampados con estrellas- y gabanes de corte masculino a los materiales de la sastrería tradicional (franela gris, espigas tweed) con bordados de pedrería en puños, cuellos y bolsillos. En una cierta sintonía, Massimiliano Giornetti para Salvatore Ferragamo empleó estampados patas de gallo, espigas y rayas diplomáticas en blanco y negro para conjuntos de abrigos rectos a juego con faldas ceñidas a la rodilla.

Frida Giannini en Gucci fusionó los setenta con un aura cinematográfica tipo Ingrid Bergman en Casablanca. Se sumó en lo cromático a los colores alegres y cálidos, ganadores en todas las apuestas salvo en la de Emporio Armani; el maestro se agarró al negro total evocando un look de espía. Luego cambiaría de registro en la primera línea de Giorgio al incluir gamas de rosa suave, maquillaje, gris plomo y marrón para túnicas de pedrería sobre pantalones anchos con vueltas en los bajos.

Roberto Cavalli se inspiró en las guerreras medievales que viste para viajes espaciales superponiendo cazadoras de pitón y napas, chaquetones y chalecos de zorro teñidos o pelo de Mongolia en grises, granates, marrón o marino que mezcla con telas metalizadas.

El punto de partida de Raf Simons en Jil Sander fueron las imágenes de Louise Dahl-Wolfe (conocida por sus fotografías de moda medioambiental) de estaciones de esquí que mezcla con otras de Diane Arbus (retratista de personajes marginales) para crear opuestos. El diseñador combina los volúmenes de sus abrigos en forma de capullo sobre pantalones estrechos tipo esquiador, al mismo tiempo que presenta faldas de plumón, de seda y nailon.

 Donatella Versace dibuja los sesenta con abrigos mod versión marinera o vestidos en líneas empleando estampados florales en tonos vivos.

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